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sábado, julio 19, 2008

Un video y una canción por el día del amigo

Mañana es el día del amigo, por lo menos en la Argentina. Para ello/as, mis amigos, van un video y una canción:

El primero, de Radiohead, de su single "House of cards". Es un video sin utilizar cámaras y hecho solamente con láser y datos. Más información sobre el video en

http://tecnologia.infobaeprofesional.com/notas/69092-Radiohead-graba-video-sin-camaras-y-da-gratis-el-software.html?cookie




El otro video (en realidad es una imagen detenida) está musicalizado por una canción del Pat Metheny Group, “Au lait”, del disco Offramp. Una sugerencia: Subí el volumen y deja que la música inunde de belleza y delicadeza el lugar donde estés.



Un abrazo y feliz día

martes, enero 08, 2008

La tecnología abre la brecha entre sexos

Los hombres usan Internet más horas que las mujeres. Y la mayor parte de los contenidos están pensados para ellos y se incide más en su formación tecnológica. Los hombres ven el mundo digital más enfocado al ocio; ellas, a lo práctico (algo que compruebo a diario con mis compañero/as de trabajo, amigo/as y parientes), según afirma la periodista Carmen Morán, en esta nota publicada el 4 de enero de 2008 en el diario El País.

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El acceso y el uso de las nuevas tecnologías está abriendo brechas digitales, pero no sólo entre el mundo occidental y los países pobres, también entre hombres y mujeres y en esto último no hay distinciones por zonas geográficas. Los datos que llegan de los países más desarrollados indican que las mujeres se están quedando atrás, que no tienen tanto tiempo como quisieran para navegar sin rumbo determinado en Internet, que no encuentran en la Red lo que andan buscando y que su formación académica, menos tecnológica que la de los hombres, no propicia un acercamiento fluido al ordenador.

¿Cómo se explica, si no, que entre las tituladas y titulados universitarios, haya de 15 a 20 puntos de diferencia a la hora de conectar un módem o una impresora? "En este caso, puesto que ambos tienen los mismos estudios, la brecha se debe a su especialidad académica. Los hombres se matriculan más en carreras tecnológicas y ellas en otras ramas más sociales, de humanidades o sanitarias, y esa es otra brecha que se abre cada vez más en toda Europa", explica la catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense Cecilia Castaño.

Algo parecido ocurre cuando los estudios son inferiores: ellos siempre sacan ventaja en esas tareas más complejas al manejar programas informáticos. "Es una cuestión educacional, a los niños se les transmite más confianza en las máquinas", afirma Castaño.

Tampoco pasan el mismo tiempo en Internet los hombres y mujeres con estudios universitarios, ni mucho menos; entre ambos hay una diferencia de 20 puntos. Ellas alegan falta de tiempo, contenidos que no les gustan y el uso que hacen del ordenador se circunscribe al trabajo y algunas consultas de carácter práctico. "Consultan posibles empleos, asuntos relacionados con la educación o la sanidad para la familia...". Sin embargo, los hombres sí parecen tener tiempo porque parte de su navegación es por ocio y consumo: deporte, la bolsa, pornografía...

El equipo de Cecilia Castaño ha pasado un año entero interpretando los datos de la encuesta sobre uso de las Tecnologías de la Información (TIC) del INE para entresacar las diferencias entre hombres y mujeres y buscar los porqués. Para ello han reunido a grupos de mujeres (estudiantes universitarias, profesoras de secundaria, ingenieras e informáticas, emprendedoras con sus propios negocios, teletrabajadoras) y un grupo de hombres que reunía las mismas características.

A partir de ahí han podido saber que ellos pasan más tiempo en Internet, lo utilizan más para tramitar cuestiones administrativas, comprar y hacer transacciones bancarias; ellas, sin embargo, lo usan menos y de una forma más práctica, para resolver cuestiones sanitarias o buscar formación laboral o académica. También compran menos por Internet y sobre todo productos para el hogar, mientras que entre los hombres las adquisiciones más habituales son de material informático.

"La impresión más clara es que han trasladado los roles habituales al campo de las nuevas tecnologías", afirma Castaño. Tanto es así que las mujeres usan más el móvil y el correo electrónico para hablar y relacionarse, mientras que los hombres dan un uso más práctico a estos dos sistemas de comunicación.

Consultados hombres y mujeres por estas diferencias, ellos se atribuyen mayor interés y destrezas respecto a las nuevas tecnologías, aunque afirman que las mujeres jóvenes ya presentan estas mismas características. También creen que las mujeres son más prácticas y eso se aprecia en el uso de las tecnologías. Y opinan que los roles de género marcan esta diferencia.

Las mujeres, por su parte, señalan factores socioeducativos históricos y una incorporación tardía de la mujer al trabajo como una de las causas de su acercamiento más dificultoso a las nuevas tecnologías. También piensan que la mujer tiene mayor habilidad verbal frente a la tecnológica, que, a su juicio, favorece a los hombres. Pero se quejan de que los contenidos que se encuentran están muy pensados para los varones y que también influyen los factores económicos.

"Cuando en una familia hay jovencitos estudiantes es más probable que haya ordenador y que los padres quieran navegar con ellos, pero eso siempre beneficia al padre y afecta negativamente a la madre. Ella no saca tiempo, precisamente por atender otras tareas relacionadas con los hijos mientras que para el padre acompañarlos aumenta su contacto con el ordenador", afirma Castaño.

Los estudios y la menor relación de la madre con el ordenador ejercen una gran influencia en los hijos, pero por esta cuestión no se pregunta en las encuestas.

¿Una cuestión de talento?

La creatividad y el talento son factores que las empresas dicen tener muy en cuenta en la selección y promoción del personal. También en el sector de las nuevas tecnologías se aprecian, por lo visto, aunque los hombres siguen copando los puestos de responsabilidad y las mujeres exponiendo quejas tradicionales que les impiden romper el techo de cristal tecnológico.En las entrevistas mantenidas con directivas y mujeres miembros de los consejos de Administración del sector de las nuevas tecnologías (siete mujeres y dos hombres) se percibe que entre los hombres que han llegado hay una experiencia prolongada en la empresa jalonada de ascensos. Mientras, las directivas han pasado por otros sectores y han demostrado capacidad de adaptabilidad y una gran pasión por su trabajo. "La mayoría de ellas hace malabarismos para conciliar su vida laboral y personal y ha tenido que hacer sacrificios. Ellos también reconocen obstáculos para avanzar, pero pagan más gustosamente el precio", se lee en el estudio de Cecilia Castaño, catedrática de Economía Aplicada de la Complutense."Se habla de talento, pero ¿quién lo mide?", dice Castaño. "A la hora de la verdad en los puestos de responsabilidad de las empresas entran personas mediante cuotas políticas, no siempre por talento. Y las mujeres suelen ser invisibles en eso", explica. Castaño pone el ejemplo de la Orquesta Sinfónica de Boston. "Nunca entraban mujeres, hasta que hicieron una audición a ciegas, no se veía al aspirante, y la cosa cambió".

(fin)

miércoles, enero 02, 2008

¿El libro se reinventa?

La pregunta es respondida por la periodista Amaury del Valle, en esta nota publicada por la agencia ANC- UTPBA. El fenómeno de los libros electrónicos y los nuevos formatos plantea algunos interrogantes sobre el futuro del libro en papel.

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Una nueva creación de la tienda de artículos on line, Amazon, ha vuelto a echar fuego a la discusión sobre el futuro de los libros electrónicos, que muchos predicen sustituirán a los tradicionales textos de papel.

Dotado de una pantalla blanca y negra y un teclado, el nuevo artilugio puede conectarse sin cable a internet y ser cargado con libros, blogs y periódicos, siempre y cuando se pague primero por estos contenidos, de un catálogo que tiene unos 90 000 títulos.

No se trata del primer artefacto de su tipo en el mundo, pues ya otras empresas han lanzado creaciones similares. Quizá lo más novedoso en el caso de Kindle, como le ha llamado al equipo, sea su posibilidad de conectarse a la red de redes de forma inalámbrica, a la vez que gracias al teclado se pueden hacer anotaciones al margen de lo que uno lee, e incluso después extraer estas e imprimirlas para consultar de forma más tradicional.

Los bandos han vuelto a dividirse. Unos ven en Kindle un paso más hacia la muerte definitiva del libro. Otros, solo un nuevo artefacto, lindo, útil, pero no el sustituto del papel. La polémica tiene mucha tela por dónde cortar.

Tinta eléctrica

Descontando la aparición de las computadoras, y posteriormente internet, quizá el mayor desafío al papel en los últimos años haya sido la aparición a principios del milenio, de forma comercial, de su sustituto en formato electrónico.

La popularización del papel electrónico, gran ideal de la comunidad tecnológica mundial durante las últimas décadas del siglo pasado, tuvo en 2001 un gran paso de avance cuando se lanzaron de forma experimental los primeros prototipos al mercado.

Sin embargo, desde entonces los avances no han sido muy rápidos, y las dificultades tecnológicas, unido al alto coste de su fabricación, han ralentizado su introducción a gran escala, si bien comienzan a verse cada vez más al servicio de la propaganda comercial.

Hace unos seis años, dos compañías estadounidenses, Gyricon Media y E-ink Corporation, desarrollaron cápsulas con un líquido oscuro y cargado de partículas blancas, al que si se le aplica una carga eléctrica, las partículas se mueven de una parte a otra de la cápsula y así crean una zona blanca.

En ese entonces, el director técnico de E-ink, Paul Drzaic, afirmaba alborozado a la BBC haber creado «el material electrónico que sustituye a la tinta... y la tecnología electrónica que controla la nueva tinta y que le dice qué imagen quiere».

Ambos, sobre un papel plástico flexible, podían trabajar juntos para formar letras e imágenes, con lo cual todo indicaba que el papel del futuro estaba a las puertas. Bastaba solo buscarle una aplicación cotidiana, y por supuesto, que fuera rentable.

La primera salida comercial de este avance tecnológico fue a través del desarrollo de carteles electrónicos conectados sin ningún tipo de cable. Gracias al invento, el mensaje o cualquiera de los signos podía ser cambiado desde cualquier lugar solo apretando un botón.

Aunque John Seely Brown, jefe de desarrollo de Xerox, auguraba que pronto estarían en el mundo del libro, los editores, incluso los que ya trabajaban en los libros electrónicos, no se apresuraron a «morder» el invento.

El problema es muy sencillo, pero a la vez extremadamente complejo de resolver. La gente prefiere la comodidad y el contacto con el papel, y además resulta muy molesto leer en pantalla.

Ninguna de las creaciones de papel electrónico ha tenido hasta el momento gran impacto en el mundo, en especial por su alto coste, y por las limitaciones tecnológicas todavía grandes. Por eso la apuesta ha sido por buscar formatos intermedios, como el nuevo Kindle.

El devorador

El lector de Amazon tiene ante sí el gran desafío de superar en la competencia a artilugios similares como los de las japonesas Sony y Panasonic, mucho más baratos, aunque no vienen con un teclado y deben ser conectados por cable para descargar su contenido.

No obstante, este no es el único desafío. Aunque este libro electrónico, como afirma un periodista de El País, España, puede ser muy útil para manuales técnicos u obras de consulta, ya que se puede buscar rápidamente un contenido determinado y anotar virtualmente al margen de las páginas, dista mucho de ser el ideal para sentarse cómodamente a leer una novela o las noticias de un periódico.

Ante todo, hay que pagar incluso para consultar una página web y hasta weblogs, algo que puede hacerse en la computadora tradicional, sin costo. Este gravamen de descarga, que ronda los diez dólares por manual, es por demás ilógico, máxime si se tiene en cuenta que la mayor parte del precio de un libro de papel se dedica a impresión y distribución, dos factores que Kindle elimina.

Por otro lado, si bien Kindle cuenta con una pantalla de tinta electrónica de seis pulgadas y una resolución de 600 x 800 píxeles, la que según sus creadores refleja las letras como si fuese papel y no cuenta con retroiluminación, lo que facilita la lectura, junto a la posibilidad de ampliar el tamaño del texto, no es todavía exactamente papel, y además necesita de energía eléctrica para funcionar.

En este aspecto es válido señalar que la mejora con respecto a equipos similares es grande, ya que la batería de Kindle dura un día conectada a internet y una semana sin estarlo, además de que se recarga en solo dos horas.

Quienes lo defienden creen que es el nuevo iPod o reproductor electrónico, pero para libros, aunque también permita almacenar imágenes y sonido. Algunos, en cambio, prefieren esperar para gastarse el dinero en creaciones más acabadas.

El fenómeno e-books

Mientras tanto, no hay dudas de que el futuro de los libros electrónicos, ya sea en este formato o en archivos tradicionales de computadoras, es cada vez mejor, con miles de ejemplares puestos a disposición del público.

Es importante tener en cuenta que por libros electrónicos se entiende tanto a una obra individual en formato digital, como a un dispositivo utilizado para leer libros en este formato. Y si bien los dispositivos no tienen todavía tanta suerte, no puede decirse lo mismo de los e-books, como se les conoce a las versiones electrónicas o digitales de un libro.

Y es que la creciente digitalización de impresos de todo tipo y su distribución, gratis o pagada por internet, es cada vez mayor, en especial por el ahorro que significa no tener que imprimir ni buscar un proveedor de libros físicos, lo cual ha provocado una baja en la venta de ejemplares tradicionales, y que la mayoría de las editoriales hayan adoptado la táctica de sacar títulos a la vez en ambos formatos.

Incluso han surgido innovaciones de uno y otro lado, como los audiolibros en formato digital, o la inclusión de discos compactos o DVD-Rom junto a los libros de papel, para que el lector pueda escuchar la música y ver las imágenes que el autor imaginó mientras escribía su obra.

Aquí no faltan tampoco los desafíos, el mayor, quizá, de perder los derechos de autor, para lo cual empresas como Adobe, autora del formato PDF, preferido en la distribución de e-books, han creado un complejo sistema de seguridad llamado DRM (Digital Right Management), para evitar la copia de los textos.

No obstante, ni los artefactos ni la facilidad de la pantalla han logrado todavía igualar la sensación única de arrellanarse en un sillón o sofá a leer una novela, sin necesidad de una computadora u otro artilugio tecnológico, e ir pasando una a una las páginas.

(fin)

domingo, septiembre 16, 2007

Leer en tiempos del iPod

Las nuevas prácticas culturales de las jóvenes generaciones obligan a repensar las preguntas acerca de los vínculos entre la educación, la lectura y los medios audiovisuales y electrónicos. Un análisis del sociólogo argentino radicado en México Néstor García Canclini, publicado por la revista porteña “Ñ”.

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Los hábitos culturales de los jóvenes han vuelto impertinentes preguntas que recorrieron el siglo XX y aún in­ tranquilizan a especialistas en políticas culturales.

Por ejemplo: ¿Van a desaparecer los libros en los próximos años? ¿Cómo lograr que los jóvenes lean más? ¿Dedicar más tiempo a ver televisión que a leer con­tribuye a la despolitización?

En vez de ocupamos de estas preguntas, propongo otras para replantear los desentendimientos entre educación y jóvenes: ¿Cómo podemos, quienes fuimos formados con libros, tizas y los Beatles, reeducamos para compartir el mundo con la generación del mouse, el iPod y el hip-hop?

En los siglos XIX y XX, cuan­do se generalizó el acceso a la educación y se masificó la pro­ducción y circulación de libros, se relacionaba a los libros con la enseñanza y se los veía como instrumentos clave para transmitir información. Sabemos que no fue así durante la mayor parte de la historia de la humanidad, cuando la educación era principalmente oral. Tampoco lo es ahora, cuando el libro pasó a ocupar un lugar distinto entre muchos medios audiovisuales y electrónicos.

Las cifras de lectura de libros, revistas y diarios en papel son bajas en la mayoría de los países, pero no siempre des­cienden. Un estudio de la Asociación Mundial de Periódicos indica que la circulación de dia­rios decreció en 2006 en Esta­dos Unidos y en algunos países europeos, pero aumentó en muchos más un promedio de 2,3%, que asciende a 4,6% si se agregan los gratuitos. Cinco años antes, había 488 millones de lectores de periódicos en el mundo, y ahora se estiman 1.400 millones.

Los estudios reunidos en el Sistema Nacional de Consumos Culturales, publicado en 2006, sobre la situación argentina, indican que 55,2% de la población afirma haber leído libros en el año anterior (19% más que en 2004) y que el promedio de libros leídos cada año subió a 4,5%. Dice leer diarios 55,9% y revistas 29,2%. Son significativos, asimismo, los porcentajes de cómics e historietas, la lectura y escritura en Internet y el envío y recepción de mensajes de texto a través del celular. Internet tenía, en 2005 40,9% de usuarios; casi 28% dice haber consultado textos de lectura por ese medio y el porcentaje aumenta entre menores de 35 años y en los niveles socioeconómicos alto y medio. Incluso quienes no tienen recursos para comprar una computadora consultan Internet fuera de sus casas, especialmente en ciber cafés y locutorios.

En Colombia encontramos tendencias parecidas. Hay menos lectores de libros (36,9%) y de diarios (31,5%) y más de revistas (32,4%). Los colombianos leían más libros en 2000, cuando declaraban seis al año, que en 2005, cuando el promedio bajó a 4,5% libros al año. La única lectura que crece, anota Germán Rey, es la que se hace en Internet. Quienes más leen en este medio son los jóvenes entre 12 y 17 años con un tiempo de 2,53 horas por día, casi igual al consumo televisivo. La lectura en Internet, concluye Germán Rey, "en vez de estar desplazando a la lectura tradicional, se está complementando con ella. En otras palabras: los que leen más libros son también los que leen más en otras modalidades, como Internet".

¿Para qué usan la computadora e Internet? Hacer tareas, estudiar, informarse y enviar o recibir mensajes están entre las actividades principales. Todas ellas son formas de lectura y de escritura. Distraerse, oír música y jugar ocupan tiempos significativos, pero no son las prácticas más absorbentes.

Las pantallas de nuestro siglo también traen textos, y no podemos pensar su hegemonía como el triunfo de las imágenes sobre la lectura. Pero es cierto que cambió el modo de leer. Los edi­tores se vuelven más reticentes ante los libros eruditos de gran tamaño; las ciencias sociales y los ensayos ceden sus estantes en las librerías a best-sellers narrativo s o de autoayuda, a discos y videos. En las universidades masificadas, los profesores con treinta años de experiencia comprueban que cada vez se leen menos libros y más fotocopias de capítulos aisla­dos, textos breves obtenidos a través de Internet que aprietan la información.

Se lee de otras maneras, por ejemplo escribiendo y modifican­ do. Antes, con el libro impreso, era posible anotar en los márgenes o huecos de la página, dice Roger Chartier, "una escritura que se insinuaba pero que no podía modificar el enunciado del texto ni borrarlo"; ahora, el lector puede intervenir el texto electrónico, "cortar, desplazar, cambiar el orden, introducir su propia escritura".

Quienes leen sin separar lo que en ellos es también espectador e intemauta, leen -y escriben- de un modo desviado, incorrecto para los adictos a la ciudad letrada. ¿Acaso cuando no existían televisores ni computadoras había una manera de ser lector normal? No se lee de igual forma a Cervantes, a Kafka, a Borges, a Chandler, a Tolstoi, a Joyce, ni cada uno de ellos, que pusieron a tantos personajes a leer, los imaginaron idénticos, muestra Ricardo Piglia en su libro El último lector.

¿Qué crítico contemporáneo -incluyendo a los defensores de algún canon- pretendería que existe una sola forma de leer a estos autores? Piglia recuerda una frase de Beckett a propósito de quienes criticaban los textos finales de Joyce: "No pueden quejarse de que no esté escrito en inglés. Ni siquiera está escrito. Ni siquiera es para ser leído. Es para mirar y escuchar".

¿Qué queda de la experiencia de la lectura?

La visión de un porvenir dominado por las imágenes mediáticas, como pronosticaron Marshall McLuhan y otros, no se ha cumplido. Decía Juan Villoro que si McLuhan resucitara en un cibercafé, creería encontrarse en una Edad Media llena de frailes que descifran manuscritos en las pantallas. Sin embargo, ¿no hay algo que se pierde irreparablemente cuando se desconoce la información razonada de los periódicos y se prefieren los clips rápidos de los noticieros televisivos, cuando los libros son reemplazados por la consulta fragmentaria en Internet? ¿No ofrecen los libros una experiencia más densa de la historia de la complejidad del mundo o de los relatos ficcionales que la espectacularidad audiovisual o la abundancia fugaz de la informática?

¿Qué queda en las interconexiones digitales, en la escritura atropellada de los chateos, de lo que la lengua solamente puede expresar en la lenta elaboración de los libros y la apropiación paciente de sus lectores?

Sin duda, hay que preservar lo que los libros representan como soportes y vías de elaboración de la densidad simbólica, la argumentación y la cultura democrática. Pero no veo por qué idealizar, en abstracto, generalizadamente, a todos si al preguntar a los lectores sobre su libro favorito, en las encuestas citadas, 30% o 40% no sabe cuál es y entre los mencionados sobresalen obras de autoayuda, esotéricas y El código da Vinci.

En vez de seguir oponiendo los libros y la televisión, convendría ensayar formas diversificadas de fomentar la lectura en sus múltiples oportunidades, en las páginas encuadernadas y en las pantallas. Esto requiere mucho más que exhortaciones ilustradas a leer: reconvertir las bibliotecas en centros culturales lúdicos, literarios y audiovisuales donde los estantes convivan con talleres atractivos, computadoras y accesos a Internet.

(fin)

lunes, julio 02, 2007

Poder económico y desarrollo científico

"Los sectores que tienen el poder económico han despreciado el desarrollo científico. Porque el pensamiento científico está constantemente expuesto a cuestionar las verdades absolutas", afirma Alberto Kornblihtt, uno de los científicos más prestigiosos de la Argentina, según cuenta la periodista Any Ventura en esta entrevista publicada en el diario porteño La Nación. Ciencia, religión, educación pública y privada son algunos de los temas que se tratan en este diálogo.

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“Salvo honrosas excepciones, las universidades privadas no son de buena calidad, porque no hacen investigación. Son nada más que enseñaderos”, dice el doctor en Ciencias Químicas Alberto Kornblihtt.

Kornblihtt es, a los 53 años, uno de los científicos más prestigiosos del país. Egresado del Colegio Nacional de Buenos Aires, hizo su doctorado en el Instituto de la Fundación Leloir, y el posgrado, en Oxford. Es investigador principal del Conicet, profesor titular plenario con dedicación exclusiva y director del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas.

Pasa la mayor parte de sus horas en el segundo piso de la Ciudad Universitaria, donde tiene su laboratorio. En 1991, obtuvo la beca Guggenheim, y en 2000, la beca Antorchas. Ha dirigido ocho tesis doctorales, aprobadas con sobresaliente. Dicta conferencias en las ciudades más importantes del mundo. Fue candidato a rector de la UBA. Le otorgaron el Konex de Platino a la Ciencia y Tecnología en 2003, por sus trabajos en citología y biología molecular.

Kornblihtt ama la docencia y la divulgación científica. No está al margen de la sociedad en la que vive ni le saca el cuerpo a la actualidad. Tiene definiciones muy rigurosas acerca de cada uno de los temas que se le plantean. Afirma: "La ciencia y la religión son dos inventos del hombre, pero la religión no permite averiguar el origen de las cosas".Y sobre las políticas de Estado opina que fabricar vacunas en nuestro país en vez de importarlas no es una prioridad científico-tecnológica, sino política y económica.

Respecto de la gestión de Néstor Kirchner, afirma: "Esta es una sociedad que mayoritariamente guardó grandes silencios. En cuanto a los derechos humanos, el Gobierno está a la izquierda de la sociedad".

Finalizada la entrevista, antes de despedirse, me aclara: "Yo sé que las cosas que digo como hombre público generan reacciones entre mis colegas que me afectan en mi vida cotidiana..."

-El común de la gente no tiene muy en claro el sentido de muchas investigaciones científicas. Esto incluye la información acerca del ADN. ¿Para qué sirvió haberlo descubierto?

-Por empezar, un descubrimiento no tiene un para qué. El ADN se conocía desde 1860. Pero lo que descubrió Watson en 1953 fue la estructura del ADN. Ese fue un hito en la historia de la humanidad, porque permitió comprender cómo a partir de una célula se producen dos iguales, cómo se efectúa la reproducción. O, como dice Serrat, por qué a veces los hijos se nos parecen. Por otro lado, tuvo una utilidad práctica, porque al conocer las bases moleculares de la herencia y de la información genética se pudo comenzar a modificar esas bases en función de necesidades humanas. Hay miles de aplicaciones en la vida cotidiana: en la medicina, en la agricultura, que tienen que ver con ese conocimiento básico que significó la estructura del ADN. La ciencia y la religión son dos inventos del hombre, porque ningún otro animal los practica, pero la ciencia es algo inevitable, porque la curiosidad por descubrir cómo ocurren las cosas es inherente al hombre.

-A ver: ¿quiere decir que muchas veces ciencia y religión son contradictorias?

-Las células vivas responden a las leyes de la física y de la química. Están compuestas por átomos que existen en el universo. La materia que compone un árbol o un ser humano está basada en lo mismo: en átomos que forman moléculas que interactúan entre sí. No hay ninguna fuerza espiritual, como planteaba el vitalismo.

-Entonces, ¿ciencia y religión son contradictorias?

-Sí, porque la religión no permite averiguar el origen de las cosas. Lo da por sabido y lo relata. La ciencia, en cambio, intenta averiguar el origen y el funcionamiento de las cosas. La explicación que da la ciencia acerca del mundo nada tiene que ver con la que da la religión. Esta se basa en dogmas, creencias o actos de fe, que satisfacen necesidades espirituales, pero, por no poder ser puestas a prueba, no pueden reemplazar la evidencia experimental, la argumentación racional y el pensamiento crítico.

-¿Pueden existir sectores a los que no les convenga que avance la ciencia en la Argentina?

-Creo que los sectores que tienen el poder económico han despreciado el desarrollo científico. Porque el pensamiento científico está constantemente expuesto a cuestionar las verdades absolutas. Otro argumento de ciertos sectores para no apoyar a la ciencia es que piensan que no produce nada útil. Eso es una falacia, porque si no se apoya a la ciencia básica es muy difícil que haya desarrollos tecnológicos que sean transferibles a la industria o a bienes y servicios para la sociedad. Por ejemplo: fabricar vacunas en nuestro país en lugar de importarlas no es una prioridad científico-tecnológica, sino política y económica.

-Este tipo de argumentos, ¿es entendido por los políticos?

-La decisión política depende del Estado y, en el nivel de las empresas, depende de los controles que les imponga el Estado. Ahora bien: es cierto que la ciencia es un factor importantísimo para un desarrollo independiente. Sin embargo, la justicia social y económica no se consiguen con la ciencia, sino con decisiones políticas.

-¿Todavía es motivo de orgullo la Universidad de Buenos Aires?

-¡Por supuesto! Las universidades públicas argentinas siguen siendo los grandes centros de excelencia y generación de conocimiento. La proliferación de las universidades privadas, promocionadas por personajes muchas veces cuestionables, era un negocio. Salvo honrosas excepciones, las universidades privadas no son de buena calidad, porque no hacen investigación. Son enseñaderos.

-¿Cuáles rescataría?

-Algunas de Economía y de Ciencias Sociales.

-En una charla, usted dijo que todas las células tienen los mismos genes y que la memoria depende de qué genes se encienden y qué genes se apagan en las neuronas. ¿Esta puede ser una metáfora de la Argentina?

-[Piensa] No sé exactamente en qué sentido usted lo dice. Puede ser, porque ésta es una sociedad que mayoritariamente guardó grandes silencios, que fue cómplice o que tomó como algo natural la idea de los golpes de Estado. Por eso creo que la política de derechos humanos del Gobierno es muy positiva, porque implica una denuncia explícita, focalizada y didáctica de las atrocidades de la dictadura. En este punto, el Gobierno está a la izquierda de la sociedad.

-Se dice que la época de oro de la UBA fue de 1956 a 1966. ¿Usted coincide?

-No, no coincido, porque hay que tener en cuenta dos elementos importantes: primero, que la universidad era mucho menos masiva que ahora y segundo, que representaba una reacción cultural frente al peronismo. Era un país con proscripción política. Esa universidad que murió con la Noche de los Bastones Largos era muy buena, pero en esta universidad de hoy hay expresiones de mayor jerarquía. Esta universidad de hoy tiene su entusiasmo y su excelencia. Por eso merece un presupuesto mayor, y no sólo uno que alcance para pagar los sueldos.

-¿Por qué hay un cuestionamiento tan fuerte de los productos transgénicos? ¿Son realmente tan perjudiciales?

-La transgénesis es un método para obtener una variante vegetal o animal. Por ejemplo, se introduce un gen que hace que las plantas sean resistentes al ataque de un virus o que sean resistentes a un herbicida, lo que implica que si trato al terreno con ese químico mueren las malezas, pero no la planta que estoy cultivando.

-A ver si entendí bien: la manipulación genética no es necesariamente mala.

-No. Pero hay que tener cuidado en el control del producto. Ahora, una cosa es una planta o un animal de granja y otra es un ser humano. Yo no estoy de acuerdo con manipular el genoma de los humanos para producir variedades que sean mejores que otras. Eso sí me lleva a los nazis...

-Adrián Paenza dijo en una entrevista que usted debería ser presidente de la Nación. ¿Por qué cree que lo dijo?

-Aparte de ser mi amigo, él está pensando en que los cargos más altos de la política deben ser llevados adelante por gente que no provenga ni de la política profesional ni de abogacía, sino que tenga una formación científica. Un científico tiene un pensamiento crítico y es capaz de admitir errores y de ver que las cosas deben ser explicadas. Por ejemplo, no creo que el crecimiento económico produzca un derrame que solucione los problemas de la sociedad. Si no se tocan los intereses de los grandes capitales, es difícil que se logre una justa distribución de la riqueza. Pero no me interesa ser presidente...

(fin)

jueves, mayo 31, 2007

La tecnología que amplía nuestra realidad

Eva Domínguez, periodista y consultora en nuevos medios, analiza en esta nota publicada en el diario barcelonés la Vanguardia a las tecnologías que generan imágenes virtuales que completan la visión de la realidad y no la reemplazan. Recomiendo ver los videos mencionados en la nota en http://www.lavanguardia.es/gen/20070315/51313378559/posts/la-tecnologia-que-amplia-nuestra-realidad-columbia-universidad-lleida-viena-graz-mit.html

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Imagínese recorriendo las calles de una ciudad. Se para ante un edificio y ve ante sí, no sólo las paredes actuales, sino una reconstrucción en tecnología 3D de cómo era en la época de los romanos. Cuando llega a la plaza, obtiene información de hechos históricos, pero también de noticias recientes relacionadas con ese lugar. A través de un visor incorporado a un casco o de una pequeña pantalla, vería el mundo real con esas informaciones o reconstrucciones superpuestas. Sería como añadir información a la realidad. En definitiva, vivir una realidad aumentada. La tecnología existe desde hace tiempo pero recientemente están proliferando sus usos comerciales.
La realidad aumentada se parece a la realidad virtual pero existe una diferencia fundamental. Cuando se explora un entorno de realidad virtual inmersiva, el usuario pierde de vista el mundo físico y en su lugar explora un espacio recreado con imágenes por ordenador. Para ello, debe llevar puestos gafas, cascos, guantes u otros dispositivos especiales que capturan tanto su posición como la rotación de diferentes partes de su cuerpo. La persona tiene la experiencia de recorrer el espacio digital representado mientras está en realidad en una sala vacía.

Completar, no reemplazar

En el caso de la realidad aumentada, las imágenes virtuales completan la visión de la realidad, no la reemplazan. Lo que el usuario ve es su entorno real con unos elementos añadidos creados digitalmente. Aunque la tecnología se viene explorando desde hace tres décadas, su explotación comercial ha despegado en los últimos años gracias al avance en equipos y programación que han hecho posible que se puede aplicar incluso en dispositivos móviles.
Un ejemplo útil para ver el potencial de esta tecnología es el Tren invisible, creado en el marco del Hanheld Augmented Reality Project en el que participan las universidades de tecnología Graz y de Viena. Tal y como se ve en el vídeo que ilustra el proyecto, dos jugadores pueden controlar unos trenes virtuales a través del visor de sus dispositivos móviles.
Los trenes parecen rodar por las vías de una maqueta de madera montada sobre una mesa. Y lo hacen, pero sólo en la pequeña pantalla puesto que en la maqueta no hay ningún tren. Para que los trenecitos virtuales corran sobre las vías de madera, una pequeña cámara capta la imagen de la maqueta en tiempo real y el programa de realidad aumentada simula el movimiento de los trenes virtuales de manera precisa con el ángulo que se ve en la pantalla.

Reconstrucciones y simulaciones

Se pueden imaginar algunas posibles aplicaciones de esta tecnología en guías urbanas, en guías turísticas y en simulaciones sobre espacios abiertos. Las reconstrucciones arquitectónicas y las simulaciones urbanísticas son algunos de los ejemplos más comunes en las demostraciones.
Recrear la arquitectura del pasado durante la visita a un lugar de importancia arqueológica es, por ejemplo, el objetivo del proyecto Els Vilars, desarrollado por la Universidad de Lleida. El prototipo, que se muestra en un vídeo, da una idea de cómo se experimentaría la visita con las construcciones tridimensionales proyectadas sobre el lugar presente. Iniciativas similares se pueden encontrar en otros centros, como el Halden Virtual Reality Centre, puesto que en esta línea investigan diversos centros académicos del mundo, entre los que están el MIT y la universidad de Columbia.

De la medicina a la previsión del tiempo

Existen aplicaciones y proyectos en distintos ámbitos que van desde la medicina, para facilitar intervenciones quirúrgicas, a las emisiones televisivas, como esta previsión del tiempo (Ver vídeo 1 al inicio de este post).
La realidad aumentada se comienza a aplicar en ámbitos empresariales de todo tipo. La muestra del creciente interés por esta tecnología lo demuestra la expansión de algunas empresas del sector. Sus demostraciones ayudan a entender su efecto (Ver vídeo 2).
O a comprender cómo se pueden crear productos, por ejemplo enciclopedias vivas, que cambien la manera de aprender (Ver vídeo 3).

Documentales ubicados

En el ámbito periodístico, la experimentación con nuevas maneras de informar con realidad aumentada no ha dado aún un paso decisivo fuera de los paredes de los centros académicos. Los "situated documentaries" realizados en la universidad de Columbia son una muestra de cómo podría elaborarse un documental cuyos contenidos fueran apareciendo a medida que se va explorando el entorno físico en el que tuvieron lugar, o con el que están relacionados, unos hechos.
Cuesta pensar que determinados temas quieran explorarse de esta manera. Alguna realidad es tan dura que se digiere mejor si está encapsulada entre los límites de una pantalla, que puede estar en nuestro entorno, pero no mezclada con él.

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domingo, abril 01, 2007

La tecnología debería ser una herramienta de igualación social

Los grandes científicos saben cuándo es buena la maquinaria novedosa y cuándo no. No beneficia cuando implica sólo proveer "juguetes" para los ricos. Pero sí rinde cuando acorta la brecha entre débiles y poderosos, afirma Héctor Ciapuscio, especialista en políticas científicas, en esta entrevista del periodista Fabián Bosoer, publicada en marzo de 2007 por el diario porteño Clarín.

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“La tecnología debería ser una herramienta de igualación social”

En la Argentina circulan alrededor de siete millones de vehículos, hay diez millones de computadoras y 24 millones de teléfonos celulares. Haciendo una cuenta ligera, uno dice: esta es una sociedad altamente tecnologizada. ¿Cómo nos llevamos los argentinos con la tecnología?

—El uso de la tecnología está difundido, masificado; pero la producción de tecnología básicamente no es nuestra; muy poco de tecnología argentina está dentro de cada vehículo, de cada computadora, de cada teléfono celular, de cada motor. Hemos incorporado abundancia de tecnología que nos ayuda —o no nos ayuda, esta es otra cuestión— a mejorar nuestra calidad de vida. En muchos aspectos, podemos también señalar que no nos llevamos muy bien con ella, a juzgar por cómo conducen automóviles los adultos, por la desmesura en el uso de los celulares o por el tipo de uso que se le da a la conectividad con las computadoras.

¿Cuándo es buena la tecnología y cuándo no lo es?

—Esa es la pregunta que se hicieron los grandes científicos del siglo XX, como Einstein y Heisenberg, que tenían formación filosófica, y más recientemente el físico nuclear Freeman Dyson. La respuesta que ellos dan es que, por regla general, la tecnología opera para mal cuando su efecto es proveer juguetes para los ricos y trabaja para el bien cuando sus resultados sirven a las necesidades de los pobres. Dicho de otro modo: la tecnología es buena cuando actúa como herramienta de igualación social; no lo es cuando acentúa las diferencias entre los poderosos y los débiles, entre los ricos y los pobres.

¿La revolución tecnológica no permite a mucha más gente tener acceso a beneficios múltiples que antes estaban considerablemente más restringidos a grupos sociales privilegiados?

—Hubo dos grandes etapas. Hasta mediados del siglo XX, la tecnología proveyó abundantemente bienes socialmente niveladores: la luz eléctrica, la heladera, la radio, el teléfono, las vacunas, las fibras sintéticas, los antibióticos, la televisión... Fueron factores de igualación social. Beneficiaron la vida de ricos y pobres, disminuyeron la brecha entre unos y otros. Pero en los últimos cuarenta años no ha sido tan así: el desarrollo tecnológico no ha venido de la mano de la equidad.

¿Cómo imagina un desarrollo tecnológico que fuera en la dirección contraria, a favor de una distribución más igualitaria de los beneficios del avance tecnológico?

—Mire, la mitad más desfavorecida de la humanidad necesita viviendas baratas, cuidado de la salud y educación accesibles a todos y de calidad. Y las nuevas olas tecnológicas prometen un desajuste todavía mayor entre la tecnología y esas tres necesidades básicas insatisfechas. Si esta brecha continúa ampliándose, llegará un momento en que los pobres habrán de rebelarse y su revuelta empobrecerá tanto a pobres como a ricos.

¿De qué modo evitar que eso ocurra?

—Creo que esa brecha profunda que existe entre las necesidades humanas y la tecnología sólo puede ser llenada por la ética, por el poder de la persuasión ética. El movimiento ambientalista mundial es un ejemplo; ha logrado grandes victorias sobre la arrogancia industrial y tecnológica. Ha hecho, por ejemplo, fracasar a la industria nuclear de los Estados Unidos, a su despliegue pacífico como fuente de energía y a su despliegue bélico a través de las armas atómicas. Los educadores, los científicos, los industriales lúcidos, deben luchar para que la justicia social gravite sobre el despliegue de la tecnología.

¿Considera del mismo modo el cuestionamiento a la modificación genética en cultivos y alimentos?

—Bueno, uno no puede dejar de reconocer que la Argentina ha transformado la economía en los últimos diez años gracias a la incorporación de la biotecnología en la producción agraria. No debería haber incompatibilidad entre ecología y biotecnología, o entre desarrollo económico e impacto ambiental, como ha quedado mal planteado en el desgraciado conflicto por las papeleras con Uruguay.

¿Cómo se resuelve esa confrontación desde el punto de vista ético?

—El cambio tecnológico conlleva dilemas éticos que no se deben eludir. Lo que hay que evitar, creo yo, es la tentación de lo que los griegos llamaron "hübris", esto es, el orgullo excesivo que lleva a los hombres a desafiar a los dioses, a colocarse ellos mismos por encima de las leyes humanas, a suponer que es posible dominar o sacar provecho sin fin de la naturaleza sin medir los costos a mediano y largo plazo.

¿Cuáles fueron las etapas de desarrollo tecnológico en nuestro país y dónde nos encontramos hoy?

—El desarrollo tecnológico acompañó las etapas del desarrollo industrial del país; hasta el 75 el crecimiento industrial significaba también la mejora del desarrollo tecnológico. A partir del 75, eso se fue a pique con toda la política neoliberal de Martínez de Hoz y cía. Con la recuperación de la democracia en el 83 se quiso retomar un camino que el país había recorrido, pero la inflación, la deuda externa y la falta de fuertes consensos políticos llevaron a una crisis que terminó con la extranjerización de la industria y de la tecnología en los años 90.

Cuando habla de "retomar un camino que el país había transitado", ¿a qué momentos y hechos se refiere concretamente?

—Hay momentos clave en la memoria de los que estamos todavía vivos: el desarrollo de la siderurgia y de la industria aeronáutica durante los años 40, con el primer peronismo, que tenía un fuerte costado apoyado en la defensa nacional y las industrias militares, pero tenía también otro costado vinculado con la innovación tecnológica que significaba la incorporación de recursos nacionales para el uso masivo y con sentido federal: se recuerda poco el hecho de que se crearon en aquellos años institutos de investigación científica en todas las Universidades del país. Con Frondizi en el 58 se produce otro gran momento; cantidad de ingenieros, por ejemplo, poblaron la administración pública, se produjo una verdadera revolución en la Universidad, que fue un gran semillero de científicos que estaban cerca de los desarrollos tecnológicos propios; en el campo de la energía nuclear, en la física, en la bioquímica, en la informática.

¿Qué ocurrió luego?

—Se fue perdiendo esa conexión entre ciencia y tecnología. Por un lado, por los golpes militares y persecusiones que asfixiaron la producción científica e intelectual y motivaron que tantos científicos tuvieran que emigrar o enclaustrarse. Por otro lado, por las políticas económicas que no entendieron la importancia de contar con desarrollos tecnológicos propios.

¿Qué enseñanza se recupera de aquel legado?

—El sistema científico argentino tiene una gran capacidad, no siempre bien aprovechada desde el campo tecnológico. Se hicieron cosas muy importantes que hay que reconocer. Una es la Agencia del Desarrollo Tecnológico, una agencia que estaba en la SECYT (Secretaría de Ciencia y Técnica) y que promueve y financia investigación auténtica y seria —por ejemplo en biotecnología. Uno puede tener las críticas que quiera sobre el Gobierno, pero demuestra tener conciencia de lo que significan la educación, la ciencia y la tecnología, y está aumentando el apoyo financiero, mejoraron los sueldos y el respaldo para la investigación aunque estemos todavía lejos de los estándares internacionales.

Si tuviera que proponer cosas concretas en materia de desarrollo científico tecnológico, ¿qué recomendaría?

—Una idea es que la política tecnológica debería estar radicada en una secretaría del Ministerio de Economía. El mismo rango que tiene la secretaría de Ciencia en el ámbito de la educación y su ministerio debe tener una secretaría de Tecnología en Economía. No se trata de un cambio burocrático más; expresa una concepción estratégica del desarrollo tecnológico, que debe estar incorporado a una visión integral del desarrollo, como la tienen los brasileños, sin ir más lejos. Es entender que no hay desarrollo de un país sin un amplio movimiento cultural y socioeconómico que lo sustente y políticas estatales que lo promuevan.

La fórmula Sábato-Sadosky

El 15 de febrero, el Gobierno oficializó la constitución de la Fundación Manuel Sadosky que tiene el propósito de que la Universidad, la industria y el Estado unan sus esfuerzos con el auxilio de la informática. "Es una conjunción dinámica que trae a la memoria el 'triángulo virtuoso' que proponía el ingeniero Jorge Sábato como estrategia para el desarrollo tecnológico", explica Héctor Ciapuscio, que conoció de cerca a Sabato y Sadosky y compartió con ellos un compromiso de toda la vida. "La idea es que los centros y grupos que se crearán en varios puntos del país brinden soluciones de investigación y desarrollo a las industrias y los servicios que lo requieran. Creo que es una idea de enorme significación futura y que hubiera hecho inmensamente feliz a don Manuel y a Sábato. Los dos componían una síntesis perfecta de lo que el país necesitaba: Sadosky era el impulso de la ciencia, de la investigación básica. Sábato representaba el impulso del desarrollo tecnológico y la investigación aplicada. Murió justo cuando el país más lo necesitaba, en 1983" recuerda Ciapuscio.

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jueves, marzo 01, 2007

Las 10 bases de datos más grandes del mundo

Si se pregunta a la gente sobre qué compañías cree que tienen las bases de datos más grandes del mundo, un porcentaje muy elevado respondería sin dudar que Google o YouTube, por la gran cantidad de contenido que se supone que almacenan. Pero no es así. Las hay mucho más grandes, según informa en esta nota el portal español 20 Minutos, publicada el 19 de febrero de 2007.
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Pese a que Google o YouTube aparecen en el listado de las compañías con las 10 bases de datos más grandes del mundo, no son las que más volumen guardan.
De hecho, las dos primeras no son nada conocidas para la mayoría de los usuarios y en la recopilación publicada por Business Intelligence Lowdown se echan en falta sitios web que son considerados de referencia a la hora de buscar información pero que no tienen tanta como se cree.
Este es el listado de las 10 bases de datos más grandes del mundo:
1. World Data Centre for Climate El WDCC (Centro Mundial de datos para el clima) es la base de datos más grande del mundo. Almacena unos 220 terabytes de información y 6 petabytes de información adicional, incluyendo datos sobre el clima, predicciones y simulaciones.
2. National Energy Research Scientific Computing Center El NERSC se dedica a investigar sobre distintos tipos de energía. Su base de datos tiene 2.8 Petabytes.
3. AT&T Se trata de una compañía de telecomunicaciones que almacena 323 terabytes de información.
4. Google Aunque se desconoce el verdadero tamaño de su base de datos, sí se puede estimar. La compañía recibe unos 91 millones de consultas al día, consultas que son almacenadas por la compañía. Se supone que almacena cientos de terabytes de información.
5. Sprint Con 53 millones de clientes, Sprint es una de las mayores compañías de telecomunicaciones del mundo. Guarda los detalles de 365 millones de llamadas al día.
6. ChoicePoint Con 250 terabytes de datos personales, el negocio de esta compañía es el de almacenar datos personales sobre la población de EEUU. Se calcula que almacena información de unas 250 millones de personas.
7. YouTube Aunque es de esperar que ascienda puesto rápidamente en este ranking, por el momento se encuentra en el séptimo lugar. Su base de datos (desconocida por ahora) crece unos 18.6 terabytes.
8. Amazon Se la considera la tienda online más grande del mundo, tanto en número de clientes como en los datos que almacena sobre ellos. Cuenta con 59 millones de clientes y más de 42 terabytes de datos.
9. Central Intelligence Agency (CIA) Aunque como en el caso de Google no se conoce el tamaño de su base de datos, la parte 'abierta' al público es inmensa. Se cree que posee datos de más de 250 países y entidades.
10. Biblioteca del Congreso de EEUU Aunque los datos que guarda no han sido digitalizados completamente, sí cuenta con gran cantidad de información. Posee más de 5 millones de documentos digitales.

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