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martes, diciembre 02, 2008

Algo más que fútbol


Desde hace una semana me doy un gusto cada noche, antes de dormir, similar al placer que despierta un buen vino malbec que acompaña una comida con personas que uno quiere. Pero no es el placer del sibarita sino de la buena lectura, en este caso, de los cuentos contenidos en el libro "Fútbol en el bar de los sábados", escrito por el periodista Ariel Scher. “Los personajes de estos cuentos son entrañables, anónimos, profundos y les gusta hablar de fútbol”, explica el escritor Eduardo Sacheri en el prólogo. En la contratapa, el ex futbolista y entrenador Jorge Valdano (campeón mundial en 1986 con el seleccionado argentino), señala: “Un mundo de buena gente hace del fútbol un juego lleno de lecciones de vida. Ariel Scher creó el Bar de los Sábados, un potrero ideológico y sentimental donde el fútbol se emociona en la nostalgia, se entretiene en la utopía y se eleva en maravillosas ficciones. Pocas veces el fútbol y la literatura convivieron más a gusto”. El libro, que acaba de publicar Ediciones Al Arco y que el propio Scher presentó hace unos días en el café Tortoni de Buenos Aires, tiene algo que lo distingue: Sus personajes, según descubre Sacheri, “saben encontrar en el fútbol, un vehículo para hablar de todas las cosas importantes”. En varias ocasiones he mencionado en este espacio mi admiración y cariño por Ariel, con quien compartí entre 1992 y 1994 el trabajo en la agencia de noticias Interdiarios, la más hermosa y enriquecedora redacción por la que he pasado en mis 22 años de trabajo en este oficio del periodismo. Te comparto aquí uno de los cuentos de Scher (junto a Ezequiel Fernández Moores, de lo mejor del periodismo deportivo argentino), publicados en este libro.
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Goles de madre

El Gordo cruzó las puertas del Bar de los Sábados con esas mejillas asombradas que lo volvían un hombre único. Con la mano derecha se quitó dos transpiraciones de las cejas y con la mano izquierda apuntó hacia alguna parte, quizás hacia adelante, donde el Alto, el Roto, el Pibe y todos sus compañeros de bar y de sábados lo observaban perplejos.

—Mi mamá...

Dijo eso, o casi lloró eso, el Gordo, con una entonación descorazonada que obligó a pensar en las peores cosas. El Alto, un caballero, estuvo a punto de levantarse para consolarlo, pero justo el Gordo recuperó la voz:

—Mi mamá...

Un silencio como pocos en la mítica historia del Bar de los Sábados atravesó las paredes ennegrecidas de ese salón de barrio. Un mozo dibujó en el aire la mitad de una persignación. En eso, el Gordo respiró. Y terminó:

—Mi mamá se hizo futbolista.

El Roto abrió la boca y no la cerró nunca más, el Pibe clavó la vista en el Alto, y el Alto sólo pudo preguntar "¿qué?". El Gordo explicó: "Mi mamá tiene 73 años, unas ganas de existir de las que ojalá se contagiara el universo, y una tendinitis en la rodilla izquierda. Para recuperarse, un kinesiólogo le dio unos ejercicios en los que mi mamá tenía que retrasar la rodilla y luego adelantarla hasta pegarle a una pelota. Primero se curó, después se entusiasmó y ahora ella, que jamás había pateado un córner, encontró una vocación de futbolista. Así que se fue hasta un club, hizo lo que le enseñó el kinesiólogo y juega. Es wing derecho"

Angustiados, los parroquianos del Bar de los Sábados debatieron la situación. Al final, resolvieron que el Gordo acumulara valentía, extraviara por un rato el diseño ingenuo de sus mejillas asombradas y hablara en serio con su mamá. Eso hizo.

Volvió tres horas después. Y calmo. Más que calmo: pleno. "Hablé con mi mamá —dijo—. Fue maravilloso. Me escuchó con los mismos oídos generosos que tenía cuando yo volvía del colegio y la llenaba de historias. Me dio la razón varias veces mientras comíamos una torta de manzana que no es la mejor pero es la de ella. Y me enfocó con esos ojos que siempre me dedicó como iluminándome. Después, me contó que, entre sueños, ya había conversado del tema con mi abuelo, su padre, un hombre noble; y que también, fortaleciendo abrazos que llevaban medio siglo, lo había charlado con mi papá; y que hasta a uno de sus nietos, mi hijo, le había contado la historia de una abuela futbolista para hacerlo dormir".

— ¿Pero por qué se hizo futbolista?, interrogó el Alto.

—Se lo pregunté y me dio otra porción de torta. Enseguida, me iluminó otra vez con la mirada y me dijo que, en cualquier edad, vivir es descubrir la vida. Y que eso estaba haciendo.

Cada habitué del Bar de los Sábados tuvo ganas de aplaudir a la mamá del Gordo o de arrimarse a compartir una porción de torta de manzanas con ella. Sólo el Pibe, el más joven de todos, soltó una afirmación:

—Va a seguir jugando...

—Sí, de wing derecho.

— ¿Y vos cómo te sentís?, le preguntó el Roto, rompiendo su largo enmudecimiento.

El Gordo lo miró como se mira a un buen amigo, infló sus mejillas asombradas, y le dio la respuesta mientras en el Bar de los Sábados se acababa el día:

—Feliz. Y también ansioso: mañana debuto como número 9 en el equipo de mi mamá.

(fin)

miércoles, noviembre 05, 2008

Maradona, Grondona o la metáfora de un país

"No es fácil saber si la Argentina es la metáfora de Maradona o Maradona, la metáfora de la Argentina", dice un periodista español, citado por Ezequiel Fernández Moores (junto con Ariel Scher, uno de los mejores periodistas deportivos del país) en esta nota publicada el 5 de noviembre por el diario porteño La Nación. La columna analiza la elección de Diego Maradona como entrenador del seleccionado argentino de fútbol y el papel del presidente de la AFA, Julio Grondona.

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Grondona For Ever

Lo de ayer en la AFA, está claro, fue puro formalismo. Porque Julio Humberto Grondona resolvió el tema una semana atrás en su departamento de Puerto Madero. Y lo hizo acompañado de sus hijos Humberto y Julio. Sólo faltó que la designación recayera en su mamá de 102 años, como él mismo había ironizado días antes. Pero no, a los 77 años, y en el último de sus ocho mandatos, Grondona tomó la decisión acaso más audaz desde que, en 1979, asumió como presidente de la AFA. La última palabra fue suya, como siempre. Pero el operativo Diego Maradona-Carlos Bilardo a la selección fue de sus hijos. Si todo sale bien, Humberto, actual DT de Talleres de Córdoba, podrá tal vez ser el Bilardo-manager del seleccionado del futuro. Y si realmente la Argentina celebra en Sudáfrica 2010, Julito, actual presidente de Arsenal, tendrá el gran trampolín para suceder a su padre cuando éste deje finalmente el trono, en 2011.

En abril de 2007, Maradona sufría una enésima internación con un diagnóstico de "hepatitis alcohólica", el médico Alfredo Cahe recibía críticas profesionales por sus justificaciones ante la nueva crisis, Guillermo Cóppola decía que Diego era ingobernable y Crónica TV colocaba placas negras y hacía un minuto de silencio en medio de fuertes rumores de muerte. Un año y medio después, el Maradona que volvió de la muerte es el nuevo DT de una selección en crisis. Los éxitos del Maradona jugador sirvieron a Grondona padre para ser el patrón eterno de la AFA. Los del Maradona-DT podrían servir a la sucesión. Julio hijo sufrió cuando volvió con la manos vacías del Mundial de Alemania 2006, donde fue jefe de la delegación, designado por obra y gracia de su padre. Julito no se imagina otro rol para Sudáfrica 2010. Sí se imagina otro resultado. Y se imagina también la AFA. Como si fuese un bien de familia. Lo teme más de un dirigente. Grondona For Ever.

Hay un problema. El Maradona-jugador fue rey. El Maradona-DT no sólo ganó apenas tres partidos sobre los únicos 23 que tiene su currículum. En Mandiyú pateó la puerta del camarín y trató de mafioso al árbitro Angel Sánchez, insultó a Héctor Grondona (entonces presidente de Independiente, hermano del titular de la AFA), fue expulsado por Juan Bava y echó de un vestuario al titular de su club, el ex funcionario menemista Roberto Cruz. En Racing, tuvo un duro cruce con el referí Francisco Lamolina, le tiró un almohadón a Luis Olivetto y criticó también a los árbitros Roberto Ruscio, Juan Carlos Crespi y Javier Castrilli; denunció un complot mediático; se peleó con su asistente Carlos Fren; faltó a numerosas prácticas, y dejó el cargo cuando Juan Destéfano perdió las elecciones a presidente ante Osvaldo Otero. Fue hace trece años, es cierto. Pero en diciembre pasado Maradona duró un suspiro como asesor de Boca. Se fue disconforme con la designación de Carlos Ischia.

El problema de Maradona es más su inestabilidad que su inexperiencia como DT. Antes, los equipos eran armados por jugadores y dirigentes. Algunas crónicas burlonas recuerdan uno de los principales consejos que solía dar Francisco Olazar, DT argentino en el primer Mundial, de 1930: "Muchachos, no coman salame, que les puede hacer mal". Irónico, Dante Panzeri solía decir que la sigla DT quería decir "Dóciles Títeres". El primer DT-estrella, se afirma, fue Helenio Herrera, el célebre "H.H.", que se hizo apodar "El Mago", un ex obrero de Citroën que dio fama al catenaccio , contrataba detectives para investigar vidas privadas y escribió un libro biográfico de título inevitable: Yo . Su álter ego podría ser ahora José Mourinho, que se hizo llamar "The Special One". La clave de ambos, como de muchos otros colegas exitosos (caso Carlos Bianchi en la Argentina), no era poner simplemente a los mejores, sino a los que mejor funcionan juntos. Cuentan que Chelsea, con el que ganó todo en Inglaterra, empezó a sospechar de Mourinho cuando el DT comenzó a relativizar las derrotas y a hablar de su familia, de sus hijos y de sus amigos. El manual ordena que el DT triunfador tiene que parecer un obsesivo. Bilardo, un ejemplar de esa clase, volvió a contar hace unos días, casi como un orgullo, que cuando fue DT de la selección no vio a su hija entre los 11 y los 18 años. A Bilardo se lo supone el equilibrio ante los eventuales desbordes de Maradona. Casi un acompañante terapéutico. Sólo semanas atrás quería echar a Grondona y asumir el cargo. Pedía que en la AFA votaran los 2800 clubes afiliados y que no decidiera todo "Don Julio". No exigió eso a la hora de su designación. Cambió convicciones por conveniencias. César Menotti, ya fuera de carrera, describió en pocas palabras la lucha por la sucesión que se desató a las pocas horas de la renuncia de Alfio Basile, con carteles callejeros y operaciones de prensa incluidas: "Es terrible, me da vergüenza la carroña".

"Con Maradona en el banco -se entusiasmó Guillermo Tofoni-, la Argentina será como los Beatles." Se entiende. Tofoni es titular de World Eleven y fue operador del contrato de 18 millones de dólares y 24 partidos amistosos que Grondona firmó con el grupo ruso Renova. La selección de Basile, más allá de los nombres rutilantes de Lionel Messi, Sergio Agüero y Carlos Tevez, se estaba pareciendo, peligrosamente, a una aburrida oficina pública. El fútbol, en rigor, sufre en todos lados una burocracia de jóvenes narcisistas y mediáticos que obedecen más a su representante que a su equipo. Maradona tiene tal vez más ego que todos ellos. Pero lo alimentó de una pasión única. ¿Logrará transmitírsela a los jugadores? Mucho se dijo en su momento sobre Basile, el rey de los cien barrios porteños, con más vestuario que nadie y de códigos indestructibles, pero que terminó yéndose en medio de burlas. Marcelo Bielsa carecía, supuestamente, de esos "códigos del fútbol". Pero sus jugadores lo respetaron como a pocos, especialmente a la hora de la derrota, cuando el barco se hundió en 2002 y no hubo ratas que huyeran. Maradona, como siempre, es un caso aparte.

"No es fácil saber si la Argentina es la metáfora de Maradona o Maradona, la metáfora de la Argentina", escribió el periodista español Santiago Segurola. Para el ex crack brasileño Tostao, "solamente la Argentina, país del tango, que le canta al amor imposible, podía contratar a un DT tan pasional como Maradona". Tostao también cree que el fútbol actual precisa justamente esa pasión. "Por eso voy a hinchar por su éxito, sabiendo que hay una gran chance de que no lo tenga."

"En manos de Dios", titularon algunos diarios al día siguiente de la designación. Otra vez Dios, un juego periodístico riesgoso para un Maradona que ya dio muestras sobradas de su vulnerabilidad. Pero ese titular, en realidad, sonó más a miedo que a veneración, por mucho que les duela a los adoradores de Diego, que van de la Iglesia Maradoniana a ese viejecito egipcio que, en plena pirámide, contó al turista que bautizó a su camello con el nombre de Maradona. Su nuevo y terrenal oficio alejará a Maradona de la divinidad. Lo mantendrá sentado en un banco, a la espera de que los milagros, ahora, los hagan otros. No será una apuesta menor para un hombre que, un año y medio atrás, acaso más muerto que vivo, parecía seguir el camino de otros mitos argentinos, como el Che, Evita y Gardel. El Morocho, justamente, tenía su imagen hace unos años en el barrio del Abasto. Alguien le atribuyó una frase que escribió sobre el dibujo. Gardel decía: "No me lloren, crezcan".