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martes, julio 08, 2008

¡Felicitaciones, Pablo González!



Madryn Tv Noticias, el panorama de noticias del canal de televisión de Puerto Madryn, la bella ciudad chubutense a orillas del Golfo Nuevo, ganó el premio FundTV 2008 en la categoría Noticiero Local. El conductor de este panorama es Pablo González (en la foto, que podés ver en el blog de Kau Amigos), uno de mis más queridos amigos.

Pablo es locutor nacional, periodista, profesor de música, un fanático riverplatense oriundo del barrio de Flores con quien he compartido muchos de los más lindos momentos de la vida. Hace varios años (¿cuántos, Pablo? Ya perdí la cuenta... ¿10, 12?) se radicó en Puerto Madryn, junto a su esposa Leticia y sus hijas Dana y Candela. A los 44 años recibe este reconocimiento. ¡Felicitaciones, Pablo, a vos y a todo tu equipo!

Madryn Tv Noticias se emite de lunes a viernes de 13.00 a 14.00 en vivo con repetición a las 21.00. El sitio web del canal es http://www.madryntv.com/canal/ .

El programa se impuso a Noticiero Diez 1° Edición de LU92 TV Canal Diez, de Rio Negro; y a Telediario, del Canal 10, de Mar del Plata.

La decimocuarta edición de los premios se realizó el lunes 7 de julio de 2008 en el Hotel Marriot Plaza de la ciudad de Buenos Aires. Estos ppremios destacan los valores educativos, y el cuidado en los guiones a la hora de abordar temas complejos como el prejuicio hacia el otro, la sexualidad y la diferencia de género.

El jurado estuvo integrado por:

Sr. Juan Alzaga: Presidente del Consejo Publicitario Argentino.

Embajador Eduardo Amadeo: Economista.

Dr. Pedro Barcia: Presidente de la Academia Argentina de Letras.

Dr. Luis Mario Castro: Presidente Cámara Arg. de Anunciantes.

Sr. Juan Carlos Colonnese: Publicitario.

Dra. Paola Delbosco: Prof. Filosofía UCA y Univ. Austral.

Sr.Hugo Di Guglielmo: Consultor Internacional de Medios.

Lic. Claudio Etcheberry: Realizador Cinematográfico.

Dr. Guillermo Jaim Etcheverry: Profesor y ex Rector de la UBA.

Lic. Jorge Irazu: Grupo Iberoamericano de Estudios de la Comunic. Institucional.

Sr. Isay Klasse: Presidente Com. Educación Fundación El Libro.

Dr. Julio César Labaké: Miembro de número, Academia Nacional de Educación.

Sr. Pedro Marcet: Director General de FIAP.

Dr. Mario A.J. Mariscotti: Academia Nac.Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Prof. María Teresa Mayochi Arza: Dir. Colegio Todos los Santos.

Sr.Daniel Melero: Presidente Asoc. Arg. de Agencias de Publicidad.

Dr. Alejandro C. Molina: Abogado.

Arqto. José María Peña: Arquitecto.

Dra. Alicia C. de Peresón: Dir. Inst.Comunicación Social UCA.

Sr. Mario Roldán: Fundación Pro Salud.

Lic. María Sáenz Quesada: Escritora, Historiadora.

Prof. Antonio Salonia: Educador.

Dr.Florentino Sanguinetti: Profesor universitario.

Lic. Horacio Santángelo: Asesor Ministerio de Educación.

Prof. Alfredo van Gelderen: Secretario Academia Nac. Educación.

Sr. Roberto Vacca: Documentalista.

Ing. Mónica Zetzsche: Presidenta Internacional de la YWCA.

Sra. Gladys Acosta Vargas: Representante de UNICEF en Argentina.

Lic. Guillermo Bameule: Profesor de Ética y Moral Profesional, Fac. de admin. de Empresas UCA.

Sr. Enrique Valiente Noailles: Lic. En Filosofía. Presidente del Grupo Fundaciones y Empresas.

Podés ver los criterios de evaluación que se consideran para definir los premios y más información en http://www.fundtv.org/

(fin)

domingo, mayo 27, 2007

Cuaderno de viajes de Serrat por la Patagonia argentina

El cantautor catalán Joan Manuel Serrat comparte en esta nota publicada en el diario español El País sus impresiones de un reciente viaje por la península de Valdés. Quines hemos disfrutado del avistaje de las ballenas, pinguinos y elefantes marinos nos sentiremos reflejados en estas líneas del famoso artista.

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Son muchos y distintos los argumentos por los que gran cantidad de españoles escogen Argentina para pasar sus vacaciones. El favorable cambio de la moneda, el idioma común, la simpatía y hospitalidad de los porteños son algunas de las razones por las que muchos compatriotas viajan al Buenos Aires cosmopolita y tanguero, donde conviven el café Tortoni y Caminito con el Boulevar Alcorta y el Patio Bulrich, o buscan otros destinos turísticos como Bariloche, El Calafate, Iguazú o la Península de Valdés.

Personalmente, una de las cosas que más le agradezco a mi oficio titiritero es la posibilidad que me da de viajar. Cantar por el mundo me lleva a descubrir paisajes, gentes y culturas, me acerca a nuevas experiencias que paradójicamente me reafirman en la certeza de que todos los humanos, lo sepamos o no, nos guste o no, no sólo somos muy semejantes, sino también muy parecidos y sangramos, más o menos, por las mismas heridas y velamos sueños similares.

Llegué a Argentina por primera vez en 1968 y desde entonces muchas cosas nos han ocurrido juntos. Sueños y desilusiones. Luces y sombras. A lo largo de todos estos años he recorrido cantando buena parte del país, pero los tiempos de una gira no siempre son los idóneos para enterarse de cómo es el lugar que se está pisando.

Uno se convierte en un experto en hoteles, aeropuertos, carreteras y restaurantes, apenas con el tiempo justo para reconocer a los amigos dejando siempre asuntos que serían primordiales para cualquier visitante, pendientes para otro viaje, "cuando vaya con más tiempo".

Ahora me busqué el tiempo. Aparqué los escenarios y me regalé con la parienta un viaje largamente ansiado y minuciosamente preparado por algunos lugares de Argentina de los que mucho había oído hablar y con los que me sentía en falta. Han sido unos pocos. Dejo aún mucho pendiente y de la misma manera que cuando un tipo me gusta quiero que mis amigos lo conozcan, pues es probable que se gusten entre ellos, así me gusta compartir lo que amo y quiero que los demás lo conozcan y puedan amarlo como yo. Por eso me he animado a escribir una pequeña parte de lo que ha sido esta experiencia.

Federico, el guía, que es, junto con Alfredo Lichter, el alma mater del Ecocentro de Puerto Madryn, nos esperaba en el aeropuerto de la ciudad de la Patagonia y se apresuró a advertirnos que si queríamos avistar ballenas debíamos salir directamente a Puerto Pirámides sin pasar por el hotel. "No hay otra forma. Hay que hacerlo hoy y salir ya. Para mañana anuncian mal tiempo. Va a cambiar el viento y probablemente cerrarán el puerto".

Teníamos dos días para visitar las ballenas y lo habíamos programado para la jornada siguiente, pero tal como estaban las cosas las opciones se reducían a ahora o ahora. Hasta Pirámides nos esperaban dos horas de camino, pero si nos apurábamos aún llegaríamos con luz, así que cargamos rápidamente los bártulos y nuestras humanidades en el vehículo y salimos.

Caía la tarde cuando llegamos a Puerto Pirámides, una pequeña aldea en las recogidas aguas del golfo Nuevo en la Península de Valdés y único lugar permitido para practicar avistajes de ballenas desde los botes.

Pinino, nuestro capitán, es un personaje muy conocido y apreciado en la zona. Tiene todo el aspecto de un marino de película. Barbudo, de piel curtida y ojos azules, que recuerda físicamente a Franco Nero y a Juanito Amorós, es también buzo profesional. Lleva 28 años paseando turistas por estas aguas. Él, como tantos de los que ahora habitan la Península de Valdés, es un inmigrante interior. Forma parte de las gentes que han ido llegando hasta aquí desde distintas partes de Argentina buscando una manera distinta de usar la vida.

Ellos, como en su día hicieron los primeros colonos blancos que anduvieron por estas tierras -inmigrantes galeses que en 1865 desembarcaron en el golfo Nuevo para instalarse a orillas del río Chubut-, también están construyendo con sus vivencias más o menos mínimas una historia colectiva y nueva en una Patagonia donde, se dice, hay que aprender a andar contra el viento, a hacerle frente y también a aprovechar su fuerza para llegar a destino.

Antes de embarcar nos embutimos sin rechistar en el salvavidas reglamentario, sobre el que nos pusimos un práctico chubasquero de vistosos colores, lo que, visto en conjunto, nos daba un cómico aspecto de gnomos en fiesta de fin de curso.

No hacía falta recorrer los 100 kilómetros de Puerto Madryn a Puerto Pirámides para ver ballenas. Sin ir más lejos, al día siguiente de nuestra llegada, desde la ventana de nuestro cuarto del hotel Territorio, pudimos disfrutar del espectáculo de una ballena brincando en el mar. A veces basta levantar la mirada desde la Rambla de Madryn, detenerse en el muelle o en cualquiera de los balnearios que jalonan el camino a Pirámides para descubrir el chorro de vapor que produce la ballena cuando resopla aire cálido y húmedo y éste se condensa al contacto del aire frío exterior.

De junio a septiembre, ellas están allí. En las aguas del golfo Nuevo. Se las ve por el día, y a veces en la calma de la noche la brisa nos acerca los sonidos de su respiración y el sonido de sus canciones que en otros tiempos aterrorizaron a los hombres de la mar.

Es fantástico saber que las ballenas están ahí, sentirlas tan cerca de la costa, tan cerca de uno. Pero nada es comparable con la emoción de navegar a su lado, de escuchar sus voces, de observarlas a un tiro de piedra dar un salto al cielo, salpicándote, golpeando la superficie del mar con sus aletas y sumergirse para emerger de nuevo por estribor. Participar de su magia, ser cómplices de sus juegos, es un regalo de la naturaleza que despierta una emoción que nos recorre de las tripas a los ojos.

El primer avistamiento fue un ballenato brincando por babor. Lo alcanzamos a toda velocidad. Pinino cortó motores y navegamos a su lado. La madre no tardó en aparecer y unirse por un rato a la curiosidad de su vástago, pero al poco rato, aburrida, se aparta y la cría en solitario nos persigue muy cerca de la barca. Golpeando su aleta caudal contra el agua, el ballenato llama a la madre y ésta acude. El ballenato se acerca demasiado y ella le empuja con dulzura hacia fuera con la cabeza.

Paramos el motor de la barca. Madre y cría se acercan espiándonos. Asomando apenas los ojos del agua como jugando con nosotros al escondite. Las callosidades que presentan en la cabeza son sus huellas de identidad. Por ellas sé reconocerlas e identificarlas. Un fotógrafo que nos acompaña tiene más de 400 ballenas identificadas. "Ésta es la Bonafide", afirma orgulloso. "La llamamos así, como la marca de café, por la raya blanca que tiene".

"¿Cambiamos de animal...?", grita el capitán y bromea diciendo: "¿Quién quiere manejar...?".

Avistamos otra pareja y vamos a su encuentro. Son otra madre con su cría. Cuando se acerca el verano sólo quedan en la bahía hembras paridas que aguardan que sus cachorros estén lo suficientemente fuertes para iniciar la travesía a las aguas antárticas. La ballena franca austral es la más abundante en la zona aunque no es raro que de vez en cuando aparezca alguna ballena jorobada o incluso algún cachalote.

Las ballenas llegan a las aguas de la Península de Valdés en junio. Algunas, preñadas del año anterior para parir allí, en aguas cálidas y calmas donde las crías tienen más probabilidades de sobrevivir. Otras, en cambio, lo hacen para copular.

A diferencia de otras especies en las que los machos han de pelear entre ellos para conseguir el favor de la hembra, aquí se produce una civilizada lucha espermática en la que todos los machos copulan con la hembra y se supone que será el macho más fuerte, el que mayor cantidad de espermatozoides produce, quien se llevará el premio de la paternidad. Es otra forma de selección natural, no violenta.

Permanecerán aquí, en estas aguas, amamantando a sus crías hasta que se anuncie el verano austral, y antes de fin de año la última ballena habrá abandonado las aguas de la península para viajar al Sur, a la confluencia antártica, donde el océano Atlántico y el Antártico se juntan cerca de las islas Georgia, buscando aguas donde su principal alimento, el krill, sea abundante. Durante los seis meses que las ballenas pasan en estas aguas, su ayuno es casi completo y pierden entre el 20% y el 30% de su peso.

Es admirable que un animal tan grande y poderoso -un adulto puede llegar a medir hasta 16 metros y pesar 50 toneladas- sea tan pacífico. Esta mansedumbre, este comportamiento amistoso con el hombre explica por qué, antes que otras especies, las ballenas estén al borde de la extinción. ¡Es tan fácil acercarse a ellas y clavarles un arpón...! Nadan cerca de la superficie para alimentarse, y cuando duermen, flotan, convirtiéndose en "francas", o sea, fáciles para los balleneros.

La ballena franca austral se encuentra hoy en situación de vulnerable, un estadio superior al de extinción, que es el que tiene su hermana del Norte, una especie de la que apenas quedan alrededor de 300 ejemplares y a los que la contaminación y el intenso tráfico marítimo en las aguas septentrionales americanas están abocando a una desaparición que hoy ya parece algo inevitable.

Al día siguiente, antes de visitar la pingüinera de Punta Norte, entramos en el Ecocentro de Puerto Madryn. Un espacio de encuentro y reflexión que promueve, a través de la educación, la ciencia y el arte, una actitud más armónica con el océano. Un proyecto privado y filantrópico fruto del esfuerzo de Alfredo Lichter.

En la puerta del Ecocentro, un poema de Borges recibe al visitante y le invita a descubrir los enigmas que el mar encierra. En sus salas, el viajero puede documentarse de la riqueza de estos mares y del peligro en que se encuentran. De la depredación salvaje que el hombre está llevando a cabo en estas costas patagónicas y de las soluciones que serían precisas para que el proceso no sea irreversible.

El Ecocentro aporta respuestas y también preguntas acerca de qué es o qué significa el mar. "La trama se compone de cosas evidentes y otras que no lo son tanto. No es necesario que el mar nos desvele todos sus secretos. Basta con compartir sus misterios? La destrucción del mar no puede ser su destino. Debemos cambiar. Transformar a los habitantes en ciudadanos", se lamenta el propio Lichter.

Tenemos cierta tendencia a relacionar los pingüinos con los hielos polares y tal vez por eso nos sorprende verlos cruzar la estepa patagónica entre guanacos y ñandúes, ir y venir del mar al nido y viceversa cruzando la aridez de Punta Tombo o Punta Norte, donde tiene sus nidos el pingüino de Magallanes.

El pingüino es un ave marina. Vienen del Sur del Brasil, por lo que no es raro que algunos de ellos, cuando llega la primavera austral, aparezcan, confundidos, en las playas de Mar del Plata o Montevideo para regocijo de los primeros bañistas.

Los machos son los primeros en llegar en septiembre para tomar posesión de sus nidos. Son animales muy territoriales y no tan monógamos como parecería. Las hembras eligen al macho en función del nido que éste le ofrezca, así que los machos pelearán duramente por conservar los nidales del año pasado o incluso tratarán de mejorar su status de vivienda, sabedores de lo que se juegan.

En el rigor de la estepa y cerca del mar, a caballo de dos ecosistemas, ponen sus huevos escondiendo los nidos bajo tierra entre matas espinosas y crían a sus polluelos tratando de ponerlos a salvo de los zorros y la gaviota cocinera, dos de sus más temibles predadores.

El macho y la hembra se alternan en empollarlos. Así, mientras el uno se ocupa del nido, el otro camina hasta el mar -a veces recorre dos kilómetros- para alimentarse.

El pingüino de Magallanes se ha habituado a que el hombre ronde sus nidales, pero cuando camine entre ellos tenga en cuenta un par de cosas, como no tocarlos nunca si quiere conservar la mano intacta. Son muy curiosos y se acercan a uno, llegando a picotearte el pie con su afilado pico, pero no hay que confiarse. Se mosquean con facilidad y si usted se pasa en la confianza, le arrean un viaje descomunal.

Otra recomendación a tener en cuenta es que si un pingüino viene hacia usted, no se interponga en su camino. El pingüino siempre tiene preferencia, así que apártese. Si no lo hace, el animal se detendrá, moverá la cabeza de un lado a otro preguntándose: "¿Qué hace éste en medio del camino si ayer cuando pasé por aquí no estaba? Debo de haberme equivocado". Y dará media vuelta regresando al punto donde inició su caminata, el mar o el nido, y empezará de nuevo el camino de sus recuerdos. Esto puede parecer muy gracioso, pero su pareja tendrá que hacer doble guardia en el nido a la espera de que llegue el distraído cónyuge y así poder viajar al mar para alimentarse y alimentar a sus plumones si los huevos hubiesen eclosionado.

A mediados de enero, los pichones son abandonados por sus padres. Mudan el plumón con el que nacen, y que no les permitiría soportar las bajísimas temperaturas del agua, por el traje de gala. Es entonces cuando los pingüinos adultos se alimentan en el mar durante dos semanas y regresan gordísimos a la costa para mudar sus plumas por unas nuevas.

En abril, bien preparados, viajarán a sus cuarteles de invierno en el sur del Brasil siguiendo las corrientes frías y los cardúmenes de peces y calamares que forman parte de su dieta. Allí permanecerán hasta la primavera austral, en que de nuevo regresarán a las pingüineras de la Península de Valdés.

Almorzamos un magnífico cordero patagónico a las brasas en el viejo galpón de una estancia vecina donde no hacía mucho tiempo las comparsas de esquiladores habían dado cuenta de más de 5.000 ovejas cuya lana, separada por calidades, aún aguardaba apilada en compactos fardos plastificados su destino final.

Un guanaco de apenas ocho días y una cría de ñandú pasado de rosca que atacaba todo lo que se movía nos amenizaron el almuerzo.

Teníamos la tarde por delante. Nos daba tiempo a llegar a los miradores de Punta Delgada y contemplar algunas colonias de elefantes marinos que a partir de septiembre comienzan a arribar a estas costas. Primero llegan los machos y más tarde las hembras, que después de 11 meses de gestación y entre los cinco o seis días posteriores a su desembarco paren una sola cría.

Allí estaban. Perezosos, agrupados en harenes a lo largo de 200 kilómetros de costa entre Punta Buenos Aires y Morro Nuevo. La población de elefantes marinos en la Península de Valdés es la más septentrional del hemisferio sur y también el único apostadero continental y la única colonia que se encuentra en crecimiento.

El sol se ponía por el Atlántico pintando un abanico de colores del rojo al amarillo que prolongaban la belleza del día. A medida que oscurecía, se apagaban las conversaciones y uno tras otro nos fuimos acurrucando en los asientos de la furgoneta. Un programa de radio local en el que diversos payadores locales competían milongueando alentaba la modorra. Las primeras luces de Madryn aguardaban a lo lejos.

Por la cabeza me daba vueltas una canción que dice: "El milagro de existir... / El instinto de buscar... / La fortuna de encontrar... / El gusto de conocer...".

Al día siguiente volvíamos a Buenos Aires.

(fin)

domingo, febrero 04, 2007

Viejo regalo de montaña

Luego de unas semanas de vacaciones en la costa rionegrina y un viaje por el DF de México, volvemos con Kau Amigos. Aquí te comparto una nota sobre un ser que nació cuando en Egipto regían los faraones y que hoy sigue… vivo. Se trata de los alerces, unos bellos árboles que crecen en la Patagonia. Uno de los lugares mágicos de esta región es el lago Cisne, en la provincia de Chubut, donde hay un alerzal con ejemplares milenarios. Una mirada chilena sobre el tema, escrita por el periodista Mauricio Porto, publicado en el diario chileno El Mercurio, el 3 de febrero de 2007.

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Viejo regalo de montaña

Finis Terrae es el nombre en latín para referirse al fin del mundo...

La Región de los Lagos de Chile es la puerta de entrada a una de las zonas más vírgenes y remotas de la Tierra: la Patagonia Chilena, un reino aún dominado por la naturaleza y escasamente explorado por el hombre, un mundo frío, ventoso, húmedo, definitivamente salvaje y verde. Una selva lluviosa, tanto como el Amazonas, pero fría. No sólo por encontrarnos en latitudes muy australes, sino porque aquí los bosques se han desarrollado gracias a la humedad del Océano Pacífico, retenida por la cercana cordillera de los Andes.

En efecto, toda esta tierra cubierta de árboles son las faldas de las montañas que llegan hasta el borde mismo del mar, abarcando una superficie equivalente a casi tres veces el tamaño de Holanda.

Los parientes más cercanos con las especies de este bosque se encuentran en Nueva Zelandia, Tasmania y Brasil. Una flora aislada hace millones de años por la deriva de los continentes y el infranqueable levantamiento andino.

Sin animales venenosos y agresivos que amenacen al hombre, a diferencia de cualquier otro bosque en el mundo, esta selva patagónica, aunque dura climáticamente, es dulce y pacífica en sus formas de vida (con la excepción de las sanguijuelas, notables supervivientes cuyo ayuno de sangre puede superar los treinta años).

La mayoría de sus habitantes y sus árboles estaban aquí antes de la llegada de los primeros europeos al continente americano. De hecho, el ser vivo más antiguo habita en estos confines, en la profunda espesura de la Patagonia chilena: el alerce.

Es antiguo, pero mortal como nosotros, aunque su vida es nuestra eternidad, porque al llegar junto a él sentimos lo corto de nuestro paso por el mundo... Estamos frente a un ser que nació cuando en Egipto regían los faraones.

Junto a la araucaria, el alerce es -en estas latitudes australes del continente americano- el árbol de las cordilleras y el regalo de excursiones a las tierras altas.

En sus bosques milenarios, con gigantes de 50 metros de altura y cinco de diámetro, estos árboles han coexistido con el retroceso de los glaciares, las erupciones volcánicas y las sequías. Sus anillos se han convertido en la enciclopedia viva de la geología del planeta, tan completa y precisa que nos puede enseñar a predecir el clima del futuro.

Hallados por científicos chilenos, algunos de estos ejemplares registran más de 3.500 años. Considerando que los bosques aún existentes han sido estudiados en menos de un 5 %, es muy probable que algún individuo supere con facilidad los 4 mil años de edad.

Así, en algún paseo a esta maravillosa región del mundo, usted podría pasar frente a una de estas añosas criaturas, quizás sin saber que se halle junto el ser vivo más antiguo de nuestro planeta. En las montañas.

(fin)

sábado, enero 06, 2007

El tren blanco

Hubo un tiempo en que se viajaba a diario de Buenos Aires a San Carlos de Bariloche, al pie de la Cordillera de los Andes patagónica, en ferrocarril en apenas 27 horas y 50 minutos, en coches impecables y con aire acondicionado. Hoy, el mismo tramo en ferrocarril toma 36 horas y media (con suerte) y con una espera de 26 horas y media en Viedma para combinar con el tren que une la capital rionegrina con Bariloche. Total: 63 horas…

Te comparto aquí una crónica del periodista Carlos Espinosa sobre esos tiempos ferroviarios de gloria y los de hoy, escrita desde Viedma, ciudad en cuyos alrededores pasaré las próximas dos semanas de vacaciones. La nota fue difundida por la agencia de noticias Télam el 24 de septiembre de 2006. Los datos actuales de los tiempos de duración del viaje los tomé del muy buen sitio www.sateliteferroviario.com.ar

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En la actualidad el viaje en tren entre Viedma y San Carlos de Bariloche demora unas 17 horas, siempre y cuando alguna de las fatigadas locomotoras del Tren Patagónico no tenga la ocurrencia de plantarse en mitad del camino. Sin embargo hace alrededor de seis décadas, entre los años 1939 y 1950, era posible cubrir ese trayecto en exactamente once horas y media, viajando en un moderno convoy, con aire acondicionado, asientos tipo pullman y servicio de bar, en los coches a motor diesel marca "Ganz". "El 'tren blanco' (denominación popular por el color plateado de las carrocerías) corría a 120 kilómetros por hora y cuando agarraba alguna oveja demasiado cerca de las vías la revoleaba por el aire, por el efecto de succión que producía" recuerda Leandro Inda, ex ferroviario que por aquellos años se desempeñaba en la estación del paraje General Bernal.

La línea del Ferrocarril del Estado que atraviesa toda la provincia de Río Negro desde el mar a la cordillera fue construida en diversas etapas a partir de 1909. Los rieles avanzaban desde San Antonio Oeste fundando pueblos por el desierto, y llegaron a Bariloche el seis de mayo de 1934. La conexión con Viedma estuvo terminada en 1926, antes que se construyera el puente ferrocarretero sobre el río Negro, recién inaugurado en 1931.

Hacia 1938 el Estado Nacional, propietario y administrador de esa línea, compró en Hungría varias formaciones del tren diesel eléctrico marca Ganz, con el sistema denominado "coche motor", sin locomotoras, que eran el mayor adelanto de la época en materia ferroviaria.

Dos de esos trenes fueron puestos en servicio en el ramal a Bariloche, para partir desde Patagones. Los pasajeros iniciaban el viaje desde Plaza Constitución en una formación con locomotora a vapor de la empresa de capitales británicos Ferrocarril del Sud, para llegar a Patagone en casi 16 horas.

La salida de Plaza Constitución era a las 16,30 y a las ocho y media de la mañana siguiente se llegaba a la última ciudad de la provincia de Buenos Aires. Después del trasbordo y el cruce del puente a las nueve en punto el tren blanco iniciaba su veloz travesía patagónica.

Se hacía una parada de un minuto en el empalme Cortizo, en las afueras de San Antonio Oeste, donde los pasajeros que tenían por destino la localidad atlántica hacían un rápido traspaso en un tren de dos vagones; una detención más extensa de 15 minutos para cambiar el personal maquinista en Ministro Ramos Mexía (por entonces estación Corral Chico);

y otras tres paradas de un minuto en Ingeniero Jacobacci, Pilcaniyeu y Nirihuau.

El arribo final a Bariloche era a las 20,30 de ese mismo día, con lo cual el viaje completo entre Plaza Constitución y la Capital de los Lagos demandaba 27 horas y 50 minutos, contando apenas una hora de detenciones.

Las páginas de historia ferroviaria en la web señalan que este récord de velocidad nunca pudo ser mejorado, ni siquiera en la década de los '60 cuando la totalidad del trayecto era cubierto, sin trasbordos, por las formaciones diesel del famoso tren Arrayanes.

Por su velocidad, confort y puntualidad este tren también bautizado como por los ferroviarios de la época del '40 como el "pájaro blanco", por la forma de pico de la banda azul longitudinal sobre la trompa, era un verdadero motivo de orgullo para los trabajadores del riel en sus distintas especialidades.

Pero, además, también era especial satisfacción para los vecinos de Viedma, porque la base operativa del famoso coche motor Ganz estaba instalada en la capital del Territorio de Río Negro.

Las dos brillantes formaciones, con capacidad para 116 pasajeros, equipadas con coche comedor, cocina y compartimientos con asientos que podían transformarse en literas, recibían mantenimiento y se guardaban en un inmenso galpón de chapa ubicado junto al puente ferrocarretero, junto al barrio del personal ferroviario.

Dos experimentados ex trabajadores ferroviarios, vecinos de Patagones y Viedma, brindaron a este cronista sus recuerdos personales sobre el mítico Tren Blanco.

Francisco Aníbal "Coro" Ferría, mecánico del ferrocarril del Estado, señaló que "en aquellos trenes se viajaba sin recibir ni una pizca de polvo, uno podía subir en Patagones con un traje negro y bajaba en Bariloche con un traje negro".

Inda, encargado de varias estaciones del ramal a Bariloche a lo largo de

su dilatada carrera, recordó que "el tren salía de Viedma a las nueve y llegaba a la estación Bernal, donde estaba yo, a 60 kilómetros de distancia, en exactamente 32 minutos; era tan rápido que yo preparaba el aro de la vía libre cuando estaba pasando por la estación de Palacios, a 30 kiilómetros, para no llegar tarde".

El servicio se cumplió durante las temporadas de verano entre 1939 y 1950. Hubo un par de años de interrupción entre 1943 y 1945, cuando la guerra mundial europea complicaba el suministro de repuestos. Después de la nacionalización de la totalidad de las líneas

ferroviarias, dispuesta por el presidente Juan Domingo Perón en 1948, se afectaron aquellas dos formaciones al servicio entre Plaza Constitución, Mar del Plata y Miramar, sobre la costa atlántica. También se implementó un tren expreso entre Buenos Aires y Bahía Blanca, bajo la denominación de "Huemul".

Pero los viajes a Bariloche perdieron la rapidez, calidad, puntualidad y eficiencia de aquellos trenes blancos. En algún momento entre 1950 y 1952 el enorme galpón de chapa aledaño al puente ferrocarretero fue desmantelado y hoy sólo quedan los rieles, fundidos en 1922 por la acería Krupp de Alemania con la leyenda "Estado".

Según los datos encontrados en Internet los coches motor Ganz terminaron arrumbados en la playa de maniobras de Remedios de Escalada, cerca de Buenos Aires y en los años '70 fueron desguasados y convertidos en chatarra.

Cuando el servicio regular de los coches motores diesel Ganz ya se había discontinuado, a principios de 1950 hubo un último viaje especial del "tren blanco" hacia San Carlos de Bariloche. En los últimos días de marzo de ese año la formación que, excepcionalmente, cubrió en forma completa todo el recorrido desde Plaza Constitución llevaba dos pasajeros ilustres: el presidente de la Nación, General Juan Domingo Perón, y su esposa, Eva Duarte de Perón.

"Yo me acuerdo muy bien, en ese tiempo estaba de jefe de la estación Clemente Onelli y recibimos precisas instrucciones de que todo el personal debía estar sobre el andén, de punta en blanco, para saludar el paso del convoy" recordó Leandro Inda.

El memorioso ferroviario agregó que "ese día el tren venía con un poco de atraso, justificado por supuesto, porque en cada pueblo el general y Evita salían a saludar por una de las puertas del coche motor y sus asistentes repartían paquetes con ropa".

(fin)